Phoebe Bridgers – Lost Weekend

Phoebe Bridgers convierte la vulnerabilidad en una experiencia monumental.

Después de seis años, Phoebe Bridgers finalmente volvió con un proyecto que no solamente continúa su historia, sino que parece recoger todo lo que ocurrió durante ese tiempo y convertirlo en una especie de fotografía emocional. Lost Weekend es un álbum sobre el duelo, el amor, la pérdida, la culpa, el deseo, las relaciones que terminan y las que aparecen cuando uno menos lo espera, pero también es un trabajo sobre aprender a vivir con todo eso sin necesariamente encontrar una respuesta definitiva. Y creo que ahí está gran parte de su fuerza.

Una de las primeras cosas que se sienten es que Phoebe ya no está exactamente en el mismo lugar que estaba cuando lanzó Punisher. Han pasado demasiadas cosas. Estuvo boygenius, llegaron los escenarios cada vez más grandes, cambió su relación con la fama, terminó su relación con Paul Mescal y posteriormente comenzó una nueva relación con Bo Burnham. También murió su padre, una figura complicada dentro de su vida, cuya presencia termina siendo fundamental para entender varias de las canciones del álbum. Lost Weekend no intenta esconder ninguna de esas experiencias, pero tampoco las convierte en un simple ejercicio de confesión. Phoebe toma todo ese material y lo transforma en algo mucho más ambiguo y artístico.

El caso de Paul Mescal es particularmente interesante porque el trabajo permite observar una relación que ya había terminado desde una distancia completamente distinta. En el tema que da nombre al álbum aparece una referencia que parece confirmar el compromiso que existió entre ambos y la decisión de terminarlo, mientras que The Governor’s Waltz se puede interpretar como una canción relacionada con la nueva relación de Mescal y la sensación de haber sido reemplazada. No creo que Lost Weekend funcione simplemente como un álbum de indirectas hacia un ex. Lo interesante es precisamente que esas experiencias aparecen mezcladas con otras cosas mucho mas grandes, como la identidad, la memoria, el paso del tiempo y la dificultad de entender qué queda de una persona después de que una relación desaparece.

Y después está Bobby, probablemente una de las canciones más importantes del álbum (y de las mejores que he escuchado en mi vida). Aquí el enfoque cambia completamente. En lugar de mirar hacia una relación destruida, Phoebe escribe desde el lugar extraño y casi desconcertante de estar enamorada y descubrir que alguien puede alterar tu vida de una manera positiva. La canción tiene una energía mucho más bonita que buena parte del proyecto, pero no abandona su sentido del humor ni esa sensación de que la felicidad también puede dar miedo cuando uno sabe lo mucho que tiene que perder.

Además, Lost Weekend es un trabajo que esta ridículamente cargado de colaboradores. Y esto es algo que me encanta del álbum, los créditos parecen una especie de Avengers del indie. No es solamente Phoebe reuniendo a sus colaboradores habituales, sino una cantidad absurda de músicos provenientes de escenas y generaciones diferentes. Están Lucy Dacus y Julien Baker, está Jack Antonoff, está Alex G, aparece Mike Kinsella, Justin Broadrick de Godflesh, Nick Zinner de Yeah Yeah Yeahs, Greg Leisz, Blake Mills y hasta Harrison Whitford, hijo de Brad Whitford de Aerosmith.

Lo mejor es que muchos de estos nombres no están ahí para presumir. Mike Kinsella de American Football tocando guitarra en Bobby es exactamente el tipo de colaboración que, si uno no revisa los créditos, puede pasar completamente desapercibida. Y luego está Cameron Winter, que aparece acreditado bajo el nombre de Son-John Johnson, algo que prácticamente obliga a revisar los créditos dos veces para darse cuenta de quién está realmente detrás. Es el tipo de detalle que hace que el álbum tenga una segunda capa, primero lo escuchas por las canciones y después empiezas a descubrir quién estuvo metido en cada rincón.

La producción también ayuda muchísimo. Lost Weekend sigue teniendo la intimidad característica de Phoebe, pero alrededor de su voz hay una cantidad enorme de texturas, guitarras, sintetizadores, efectos y capas que hacen que algunas canciones parezcan mucho más grandes de lo que inicialmente aparentan. Bobby, por ejemplo, convierte una canción de amor relativamente sencilla en algo mucho más expansivo gracias a esa combinación de guitarras, batería y elementos casi shoegaze.

Pero si hay una historia que atraviesa el álbum de una manera especialmente dolorosa, es la de su padre. Tony Bridgers murió después de una relación complicada con Phoebe, marcada por problemas de adicción y violencia doméstica, aunque ambos habían conseguido cierta reconciliación durante los últimos años. Esa contradicción es fundamental, no se trata de una historia sencilla de amor o de odio, sino de querer a alguien que también te hizo daño y tener que procesar ambas cosas al mismo tiempo.

Por eso canciones como Still Standing tienen un peso diferente cuando se entienden dentro de ese contexto. La presencia de su padre no se siente como una simple pieza narrativa agregada para hacer el trabajo más triste. Es una herida que aparece desde distintos ángulos. Incluso existe material de voz relacionado con él dentro del álbum, haciendo que la experiencia se vuelva todavía más personal.

Y después de todo esto está el verdadero golpe bajo para cualquier persona que haya seguido la escena musical durante los últimos años: el track oculto Best Dressed.

Porque sí, Lost Weekend tiene una canción que no aparece en streaming y que está escondida en las ediciones físicas. El álbum tiene 16 canciones oficialmente listadas, pero el lanzamiento físico incluye un decimoséptimo tema oculto llamado Best Dressed. No está anunciado de manera convencional en el tracklist y, en el CD, funciona como uno de esos viejos hidden tracks que obligan a volver al principio del disco para encontrarlo.

Y la colaboración es sencillamente demencial: Isaac Wood.

Sí. ISAAC WOOD!!!

El exvocalista de Black Country, New Road, el hombre que hizo Ants From Up There, el álbum mas importante de la década, abandonó BCNR y prácticamente desapareció del mapa musical para reaparecer de la manera más inesperada posible, escondido en el disco físico de Phoebe Bridgers. Es probablemente la colaboración más absurda de todo el álbum precisamente porque nadie estaba preparado para verla. Phoebe Bridgers consigue que un álbum que ya tenía suficientes nombres para parecer un festival entero termine teniendo como último secreto el regreso de Isaac Wood.

Y eso resume bastante bien lo que me gusta de Lost Weekend. Es un álbum que puede escucharse simplemente como un álbum de Phoebe Bridgers, pero cuanto más atención le prestas, más cosas aparecen. Primero están las canciones. Después las letras. Luego las relaciones detrás de ellas. Después los músicos escondidos en los créditos. Y finalmente descubres que el formato físico tiene una canción secreta con Isaac Wood.

Después de seis años, Lost Weekend no se siente como una artista intentando recuperar el lugar que dejó atrás. Se siente como alguien que volvió después de haber vivido demasiado como para hacer exactamente el mismo álbum otra vez. Sigue siendo melancólico, sigue siendo íntimo y sigue teniendo esa capacidad de hacer que una frase sencilla duela muchísimo, pero ahora hay más espacio, más riesgo y más vida alrededor de esas emociones.

Y quizás por eso funciona tan bien. Porque Lost Weekend no trata solamente sobre estar triste. Trata sobre seguir viviendo después de haber estado triste, enamorarse otra vez, perder personas, recordar a quienes ya no están, mirar hacia atrás y descubrir que algunas heridas todavía existen mientras otras finalmente dejaron de doler.

(Y, de paso, Phoebe decidió esconder al mismísimo Isaac Wood en el CD)

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¿Cómo no voy a amar este álbum?
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