Deftones sigue tirando magia en private music. No es un álbum que trate de hacer algo grandilocuente ni que busque demostrar nada, simplemente fluye. Lo escuchas y sentís de inmediato que son ellos, pero con un aire distinto.
Es como cuando un amigo de años se corta el pelo o cambia de estilo, puede quedarle como el pico o verse muy bien, pero sigue siendo la misma persona.

La primera vez que escuche el album, lo que más me pegó fue lo vivo que suena todo. Cada instrumento tiene caleta poder, como si la banda estuviera tocando ahí mismo, al frente tuyo. Los riffs se mezclan con los toques electrónicos de forma natural, sin sonar excesivo, y eso genera un ambiente envolvente que es como si las instrumentales respiraran solas. La producción también se siente limpia, clara y con ese golpe que le da más carácter que a sus últimos trabajos. En vez de buscar el impacto a gritos, el álbum logra brillar con personalidad propia.
Hay temas que al principio no me llamaron la atención, pero después de un par de vueltas se metieron en mi cabeza y terminaron en mi playlist. Por otro lado, también están las que me gustaron de una, más directas y memorables. Singles como Milk of the Madonna o Cut Hands brillan al tiro con esa wea que te hace apretar replay casi sin pensarlo.
Obvio que no todo es perfecto. Hay canciones que calzan bien dentro del álbum, pero no alcanzan a brillar por sí solas. Algunos riffs los sentí medio reciclados, como que me recordaron a sus anteriores trabajos, y en un par de temas Cunningham no le mete tan bueno a la batería como en el resto. Igual eso arma un balance interesante, por un lado se nota la búsqueda de algo nuevo, pero al mismo tiempo quedarse en su zona de confort hace que el álbum no se despegue del todo de lo que ya venían haciendo.
Más allá de esos pequeños detalles, a mi parecer private music es todo lo que espere de un nuevo trabajo de Deftones, un álbum sólido y entretenido. Esa mezcla entre lo conocido, la energía bien dosificada y una producción pulida demuestra que la banda sigue conectando con su gente, pero sin miedo a probar cosas nuevas.
En resumen, private music me suena a un Deftones maduro pero todavía con mucha vida. No es un álbum que venga a reinventar la rueda ni weas por el estilo, pero sí muestra a una banda que sabe cuidarse y experimentar lo justo. Tiene canciones que invitan a volver, momentos que enganchan al toque y detalles que juntos hacen que la experiencia valga la pena. Es un trabajo honesto, coherente y con la chispa suficiente para recordarnos por qué seguimos escuchándolos después de tantos años.