La irrupción de Angine de Poitrine dentro del circuito alternativo reciente se siente como uno de esos fenómenos difíciles de explicar con lógica tradicional. No es solo música, es una propuesta que mezcla estética, concepto y ejecución técnica en una experiencia que roza lo absurdo, pero que precisamente por eso resulta tan magnética.
Vol. II no solo confirma el interés que generaron tras su debut, sino que lo amplifica con una identidad mucho más definida y segura de sí misma.

El punto de entrada a este proyecto suele ser su imaginería, dos figuras enmascaradas cubiertas de puntos que se comunican en una especie de lenguaje incomprensible y que giran en torno a símbolos extraños. Sin embargo quedarse en lo visual sería reducir demasiado lo que realmente ocurre aquí. La música es el verdadero núcleo y en este segundo trabajo se percibe un salto importante en cómo logran articular ideas que en teoría deberían colapsar sobre sí mismas.
Desde una base que recuerda a cruces improbables entre Primus y King Gizzard & The Lizard Wizard, el dúo construye un sonido profundamente marcado por la microtonalidad y los cambios de ritmo poco convencionales. Más allá de la etiqueta de math rock microtonal, lo que realmente define el álbum es su capacidad para mantenerse en constante mutación. Cada track funciona como una especie de organismo vivo que evoluciona y se reconfigura de forma continua.
Uno de los aspectos más destacados es la precisión instrumental. La batería se mantiene insistente y casi hipnótica al sostener estructuras complejas sin perder fluidez, mientras que la guitarra microtonal introduce una sensación permanente de extrañeza. No existe un centro cómodo para el oyente, todo parece ligeramente desplazado, como si las notas existieran en un punto intermedio que desafía las expectativas más comunes. Aun así, lejos de volverse inaccesible, el álbum encuentra formas de enganchar mediante grooves muy marcados y repetitivos. Canciones como «Fabienk» o «Yor Zarad» destacan por lograr ese equilibrio entre lo experimental y lo pegajoso. Hay momentos donde el dúo parece acercarse al caos absoluto, pero justo antes de desmoronarse vuelven a alinearse en patrones rítmicos que resultan sorprendentemente bailables.
También es interesante cómo el álbum funciona casi como una jam session extendida. No hay una estructura tradicional clara en cada tema, sino progresiones largas que se transforman gradualmente. Esto puede jugar a favor o en contra dependiendo del oyente. Algunos encontrarán fascinante esa evolución continua, mientras que otros pueden sentir que ciertas ideas se extienden más de lo necesario, especialmente hacia el cierre del álbum donde la energía parece perder algo de impacto.
Otro elemento clave es el factor de rareza que rodea al proyecto. Es evidente que parte del atractivo de Angine de Poitrine está en su estética y en su concepto, pero este trabajo demuestra que no dependen exclusivamente de eso. Debajo de toda esa capa excéntrica hay músicos extremadamente competentes, capaces de ejecutar composiciones complejas con una soltura que roza lo virtuoso. El contexto de su crecimiento también resulta relevante. En una era donde muchos proyectos se viralizan rápidamente sin tener una base sólida que sostenga esa atención, este dúo logra capitalizar su exposición sin perder autenticidad. Su música sigue sintiéndose genuinamente extraña y no adaptada para un público masivo, lo que hace aún más interesante su expansión.
Vol. II es un álbum que no busca complacer ni encajar, sino explorar. Es caótico pero controlado, extraño pero accesible en momentos clave y sobre todo tremendamente entretenido. Puede que no todos conecten con su propuesta, especialmente quienes buscan estructuras más convencionales, pero para quienes disfrutan de la experimentación con identidad propia, este trabajo se posiciona como una de las experiencias más singulares dentro del rock actual, dándonos un espacio donde la música se estira, se deforma y se reinventa constantemente.