El debut de My New Band Believe llega en un momento particularmente curioso, con Black Midi en pausa y cada uno de sus integrantes explorando caminos propios, el proyecto liderado por Cameron Picton carga con una expectativa inevitable.
No solo se trata de ver qué puede hacer fuera del caos controlado de su banda principal, sino también de comprobar si esa identidad tan marcada logra sobrevivir en un nuevo contexto. La respuesta, al menos en este primer álbum, es bastante clara: sí, pero de una forma distinta.
Lo primero que salta es el giro hacia un sonido más cercano al chamber folk y al art rock. A diferencia de la intensidad abrasiva que solía caracterizar a Black Midi, acá hay un enfoque más melódico, más narrativo, incluso más emocional en ciertos pasajes. Eso no significa que el álbum sea simple; al contrario, mantiene esa esencia impredecible en los arreglos, con cambios constantes que hacen que cada canción se sienta viva, en movimiento. Sin embargo, esa experimentación está canalizada de forma más accesible, lo que permite que las composiciones respiren mejor.
Hay algo muy particular en cómo el álbum equilibra lo recargado con lo íntimo. Por momentos, suena como una obra teatral musicalizada, con interpretaciones vocales que rozan lo dramático y estructuras que parecen pensadas casi como escenas. Este componente puede ser tanto su mayor virtud como su principal punto de fricción, mientras algunos pasajes resultan fascinantes por su ambición, otros pueden sentirse excesivos o incluso sobrecargados, como si la densidad buscara reemplazar la profundidad.
A nivel instrumental, el trabajo es notable. Las capas de cuerdas, los detalles en la producción y la forma en que los distintos elementos se entrelazan reflejan un cuidado enorme. Hay una riqueza sonora que invita a múltiples escuchas, donde siempre aparece un nuevo matiz escondido. En ese sentido, el álbum logra mantenerse entretenido incluso cuando no todas sus ideas terminan de cuajar. También es interesante notar cómo este proyecto se posiciona dentro de la escena Windmill, compartiendo ADN con propuestas contemporáneas pero sin depender completamente de ellas. No reinventa el género, pero sí demuestra una voz propia en construcción. Es un debut que no busca ser revolucionario, sino establecer un lenguaje, una identidad que probablemente evolucione con el tiempo.
Quizás uno de los puntos más debatibles es la consistencia. Hay canciones que destacan claramente y elevan el conjunto, mientras que otras se sienten más como transiciones o ideas que no alcanzan el mismo nivel. Aun así, el estándar general se mantiene alto, lo que habla bien de la solidez del proyecto en esta etapa inicial.
Este primer trabajo de My New Band Believe es una declaración de intenciones más que una obra definitiva. Tiene momentos brillantes, decisiones arriesgadas y una personalidad marcada que lo diferencia dentro de su circuito. Puede que no todo funcione con la misma fuerza, pero lo que queda claro es que Cameron Picton no está interesado en repetir fórmulas, sino en expandir su propio lenguaje musical. Y eso, considerando el punto de partida, ya es más que suficiente para generar expectativa sobre lo que viene.