Después del enorme impacto que significó BRAT, Charli se enfrentó a un desafío que parecía casi imposible, publicar un álbum capaz de sostener el peso de las expectativas sin intentar repetir la misma fórmula. Music, Fashion, Film toma un camino completamente distinto y deja claro desde el principio que su intención nunca fue crear una secuela espiritual de su anterior trabajo. Es un álbum que busca explorar otras ideas, otros sonidos y otra forma de presentar su propuesta artística, aunque ese cambio termina siendo uno de sus mayores puntos de debate.
Con apenas media hora de duración, el álbum apuesta por una mezcla de indie, rock alternativo, synth pop y algunos elementos de la electrónica que durante tantos años definieron el sonido de Charli. Sin embargo, esta vez la producción deja de lado gran parte de la energía explosiva de sus trabajos recientes para adoptar una estética mucho más cruda, difusa y, por momentos, deliberadamente desordenada. Esa decisión ayuda a construir una identidad propia, pero también hace que varias canciones se sientan demasiado similares entre sí, reduciendo el impacto que podrían haber tenido individualmente.
Uno de los aspectos más llamativos del álbum es su intención de funcionar como una reflexión sobre la fama, la industria creativa y la identidad artística. El propio título, Music, Fashion, Film, resume tres mundos que constantemente se cruzan dentro de la carrera de Charli y que sirven como punto de partida para un trabajo mucho más introspectivo de lo que aparenta en una primera escucha. En lugar de celebrar ese estilo de vida, muchas canciones transmiten una sensación de agotamiento, inseguridad y cuestionamiento personal, mostrando una perspectiva distinta a la que presentó en BRAT.
Aun así, el trabajo no siempre consigue desarrollar esas ideas con la profundidad que promete. Hay momentos donde los conceptos resultan interesantes, pero la ejecución termina quedándose a medio camino. La narrativa carece de una dirección clara y la transición entre canciones no siempre favorece el desarrollo del proyecto como una obra completa. En varias ocasiones da la impresión de que existen muchas ideas interesantes, pero no todas alcanzan una conclusión satisfactoria.
Ese también es uno de los principales problemas del álbum. La ambición está presente prácticamente durante todo el recorrido, pero no siempre logra traducirse en canciones memorables. Algunas composiciones funcionan gracias a su producción o a una atmósfera muy particular, mientras que otras dependen demasiado de conceptos que nunca terminan de materializarse completamente. Más que un problema de intención, parece ser un problema de ejecución.
En el apartado lírico ocurre algo similar. Charli continúa escribiendo desde una perspectiva muy personal y vulnerable, abordando sus inseguridades, el éxito, las expectativas del público y la presión de mantenerse vigente después de un fenómeno cultural como fue BRAT. Hay momentos donde esa honestidad consigue conectar de manera muy efectiva, especialmente cuando deja de lado cualquier intención de parecer ingeniosa y simplemente expone sus emociones. Sin embargo, también existen letras que resultan mucho menos inspiradas y que contrastan demasiado con los mejores momentos del álbum.
Musicalmente, el proyecto también representa un riesgo importante dentro de su discografía. Durante años, Charli encontró una identidad muy marcada dentro del pop electrónico y la experimentación digital, por lo que este acercamiento más cercano al indie y al rock probablemente termine dividiendo a su público. Quienes esperaban una continuación directa de BRAT probablemente encuentren aquí una experiencia completamente distinta, mientras que otros podrán valorar el intento de salir de una zona de confort que ya dominaba con facilidad.
La producción mantiene un nivel consistente durante gran parte del álbum, aunque precisamente esa consistencia juega en contra en algunos momentos. La escasa diferencia entre varias canciones hace que el álbum pierda dinamismo conforme avanza y que algunas piezas terminen mezclándose entre sí sin dejar una identidad demasiado marcada. Aun así, cuando la combinación entre producción, interpretación y composición funciona, el resultado demuestra que la propuesta tenía mucho potencial.
También resulta interesante cómo el álbum parece posicionarse como la otra cara de BRAT. Si aquel trabajo transmitía una actitud desafiante, caótica y hedonista, aquí predomina una sensación de introspección constante. Más que intentar repetir una fórmula ganadora, Charli parece interesada en mostrar las consecuencias emocionales que llegan después de alcanzar uno de los momentos más importantes de su carrera. Esa decisión convierte al álbum en una especie de reflexión sobre el éxito y sobre la dificultad de encontrar un nuevo camino cuando todo el mundo espera que vuelvas a hacer exactamente lo mismo.
No todas las decisiones funcionan igual de bien y existen canciones que difícilmente alcanzan el nivel de sus mejores trabajos. Sin embargo, también hay varios momentos que destacan precisamente por esa búsqueda de algo diferente. El álbum nunca transmite la sensación de estar diseñado únicamente para satisfacer expectativas comerciales, al contrario, se percibe como un proyecto mucho más personal, dispuesto a asumir el riesgo de generar opiniones divididas con tal de explorar una nueva dirección artística.
En conjunto, Music, Fashion, Film es un trabajo que encuentra su mayor fortaleza en la intención de evolucionar y no conformarse con repetir el éxito anterior. Aunque la ejecución no siempre está a la altura de las ideas que plantea y algunas canciones terminan sintiéndose menos desarrolladas de lo que podrían haber sido, el trabajo deja claro que Charli continúa buscando nuevas formas de expresarse. Es un álbum imperfecto, con una narrativa irregular y varios altibajos, pero también con suficientes momentos interesantes para demostrar que detrás de este cambio de rumbo existe una propuesta artística genuina y una voluntad constante de seguir avanzando en lugar de quedarse viviendo de un fenómeno como BRAT.