Echaremos el Cielo Abajo a Patadas llega como uno de esos debuts que no pasan piola, no solo por el ruido previo sino porque de verdad hay algo acá que se siente distinto dentro de esta ola de bandas chilenas que han estado empujando el post-rock hacia terrenos más emocionales y cargados.
Es un álbum que desde el primer momento se instala en una intensidad constante, no necesariamente en volumen o agresividad, sino en cómo transmite una sensación de quiebre interno, de algo que ya no se puede sostener más.

Hay una idea que atraviesa todo el álbum y es esa incomodidad permanente, como si cada tema estuviera a punto de desarmarse. Las guitarras construyen capas que a ratos suenan frágiles y en otros momentos explotan con una fuerza bien medida, nunca gratuita. No es el típico build up eterno que termina en un clímax predecible, acá hay cortes, silencios y decisiones que hacen que todo se sienta más humano, más torpe en el buen sentido.
El uso del spoken word claramente es el punto más divisivo. Se nota al tiro que no es algo que vaya a gustar a todos, y de hecho hay momentos donde uno podría pensar que están caminando en una línea peligrosa, muy cerca de caer en esa pretensión que tantas bandas del estilo no logran esquivar. Pero lo interesante es que en la mayoría de los casos funciona porque se siente honesto. La voz de Felipe no está ahí para sonar bonita ni para demostrar técnica, está para incomodar. Es pesada, y en varios pasajes logra transmitir más que cualquier melodía. Igual hay partes donde el fraseo podría tener más ritmo o variación, pero cuando conecta, conecta de verdad.
También hay un trabajo instrumental que no se queda atrás. Bajo y batería tienen un rol mucho más activo de lo que uno esperaría en este tipo de proyectos. No están solo acompañando, están empujando las canciones hacia adelante, generando cambios que evitan que todo se vuelva monótono. Incluso hay guiños a estructuras más cercanas al math rock que le dan otro aire a ciertos temas, rompiendo esa linealidad que suele cansar en álbumes largos.
Ahora, tampoco es un álbum perfecto. Hay una sensación de repetición que aparece en la segunda mitad, donde algunas ideas empiezan a sentirse recicladas. El recurso del spoken word, por muy bien ejecutado que esté en ciertos puntos, pierde impacto cuando se vuelve la norma en vez de la excepción. Es entendible que sea parte de la identidad del proyecto, pero también limita el rango emocional que podrían haber explorado si hubiesen jugado más con dinámicas vocales distintas. Aun así, lo que termina pesando más es la convicción con la que está hecho. No suena como una banda que intenta imitar referentes de afuera, sino como un grupo que entendió esas influencias y las transformó en algo propio. Eso no es tan común en este tipo de escenas, donde muchas veces todo termina resultando demasiado familiar.
Echaremos el Cielo Abajo a Patadas es un debut que se siente vivo, que incomoda, que a ratos cansa, pero que cuando logra dar en el clavo deja una marca fuerte. Es de esos trabajos que probablemente van a dividir opiniones, pero que igual van a seguir dando vueltas en la cabeza después de escucharlos. Y eso, al final, es lo que hace que valga la pena.