Después de un periodo irregular en su discografía reciente, Gorillaz vuelve con The Mountain, un álbum que intenta reconciliar la ambición conceptual que definió sus mejores trabajos con una exploración más introspectiva sobre la muerte, el duelo y la espiritualidad.
Inspirado en un viaje a India realizado por Damon Albarn y Jamie Hewlett tras la pérdida de familiares, el álbum construye una narrativa que observa la muerte como una transición, una idea cercana a ciertas tradiciones espirituales del hinduismo.

El concepto funciona como columna vertebral del álbum. A lo largo de sus 15 canciones, The Mountain aborda el duelo desde distintos ángulos, como la aceptación, el recuerdo, la trascendencia y la posibilidad de continuidad espiritual. Musicalmente esto se traduce en un sonido más contemplativo y cinematográfico que en trabajos recientes. Instrumentaciones con flautas, coros etéreos y arreglos atmosféricos se mezclan con la base habitual del proyecto, que combina hip-hop alternativo, electrónica y psicodelia pop.
Uno de los mayores aciertos del álbum es su cohesión. A diferencia de otros trabajos del grupo que se sienten como colecciones de colaboraciones dispersas, aquí las participaciones y estilos parecen integrarse dentro de un paisaje sonoro común. Canciones como “Orange County” destacan por su carga emocional y por una escritura más vulnerable de Albarn. Otros momentos del álbum apuestan por una escala casi épica y refuerzan la metáfora de la montaña como un viaje espiritual o emocional. La producción también juega un papel clave. Existe una sensación constante de amplitud sonora. Capas de sintetizadores, percusiones orgánicas y texturas ambientales evocan espacios abiertos o estados meditativos. En sus mejores momentos, el álbum recuerda la ambición de Plastic Beach, aunque con un tono más melancólico.
El trabajo igual tiene algunas pocas cosas que criticar. En algunos momentos las influencias de la música india aparecen más como adornos que como un diálogo profundo con esa tradición. También en ciertos pasajes, los elementos orientales funcionan como interludios breves dentro de estructuras predominantemente occidentales, lo que puede dar la sensación de una exploración superficial. Aun así, el balance general resulta positivo. The Mountain trae de regreso la ambición artística del proyecto. Es un álbum conceptual sólido, emocionalmente cargado y con un bonito universo sonoro que reafirma lo que siempre ha hecho interesante al proyecto, mostrando su capacidad de combinar estilos, narrativas y culturas dentro de un mismo paisaje musical.
Este puede ser uno de los trabajo más revolucionario de la banda y seguramente uno de los más reflexivos. El viaje espiritual que inspiró el álbum termina convirtiéndose también en un gran viaje emocional para el oyente.