Escuché PAPOTA sin expectativas y terminé sorprendido. No soy seguidor de CA7RIEL ni de Paco Amoroso, y su álbum debut nunca me enganchó del todo. Sentía que apostaban más por la estética y la actitud que por desarrollar ideas musicales sólidas.
Pero con este EP logran algo muy distinto, se sienten más sueltos, más conscientes de lo que quieren hacer y con una propuesta mucho mejor definida.

Desde el inicio se percibe una energía bacán. Las canciones están bien producidas y suenan más orgánicas que antes. Hay una mezcla rica de géneros, desde el funk al jazz pasando por momentos más melódicos y otros bien marcados por el ritmo. Las letras siguen siendo irreverentes, pero ya no dependen tanto del chiste fácil o del impacto forzado. Se nota que hubo una intención más clara detrás de cada decisión.
Un detalle que me encantó fue la incorporación de su Tiny Desk. No está ahí para rellenar, todo lo contrario. Son interpretaciones cuidadas, con un toque íntimo que les da nueva vida a canciones que ya conocíamos. Incluso diría que suenan mejor acá que en sus versiones anteriores. Hay calidez, conexión, y sobre todo oficio. No están improvisando ni tirando frases sueltas, sino que construyen momentos que se sienten cercanos y bien pensados.
No todo es perfecto, por supuesto. Hay fragmentos que podrían durar menos o pasajes donde el ritmo se diluye un poco, pero no son fallos graves. En general, el EP mantiene una coherencia que nunca sentí en su primer álbum. Todo está mejor equilibrado, desde el sonido hasta la actitud que le metieron.
Al final, PAPOTA me pareció muy superior a su debut. No solo por una wea técnica, sino porque transmite algo más auténtico. Esta vez no están tratando de llamar la atención, simplemente están haciendo música que funciona por sí sola. Lograron construir un espacio propio, con identidad y sin esfuerzo aparente. Terminé de escucharlo con ganas de volver a empezar, y eso no me pasaba con ellos antes.